viernes, 12 de agosto de 2016

Zahar Prilepin comenta el Limónov de Carrère

Emmanuel Carrère ha escrito un libro muy incisivo y, en su conjunto, atractivo. 
La parte más interesante : la propia voz de Carrère, sus observaciones personales al margen de Limónov.
De ahí que la Introducción, es decir, las primeras 30 páginas, sean las más interesantes.
A partir de ahí, pasa a exponer, casi al pie de la letra, los libros del propio Limónov (al principio con todo detalle, y luego de forma cada vez más precipitada), lo que a los lectores de Limónov resultará, evidentemente, un tanto pesado.
Carrère insiste en llamar a su libro “novela”, pese a que, por su forma, se trata de una biografía en toda regla: en él no hay nada que recuerde a una novela.
 No es difícil comprender por qué lo hace Carrère, pues, al componer su libro no hace ninguna distinción entre el protagonista lírico de los libros de ficción del escritor Limónov y el hombre concreto llamado Edward Savenko.
Sin cuestionarse nada, Carrère rellena su relato con episodios de las novelas de Limónov, haciéndolos pasar, de una u otra manera, por acontecimientos reales. 
Para no cargar con la responsabilidad, es preciso llamar al libro “novela” y asunto resuelto. […]
Carrère habría podido entrevistar a los amigos franceses de Limónov y describir, al menos, su época parisina comparando la prosa de ficción con la realidad.
¡En París, decenas, por no decir cientos, de personas recuerdan perfecyamente a Limónov y a Natalia Medvedeva, su compañera de entonces!
 ¿Por qué haber dejado pasar tal oportunidad de trabajar mínimamente con las fuentes originales?
 No obstante, la principal objeción no es esa.
 Carrère ha optado por la facilidad, exponiendo a su manera los temas más llamativos de los libros verdaderamente sugerentes de Limónov.
 Hay que admitir que el ensordecedor éxito de su libro está relacionado, precisamente, con el hecho de haber escrito un libro ligero e incluso, no me asusta la expresión, sin rigor.
 Hay algo más que me desconsuela: la superficialidad de muchas de las representaciones de Carrère sobre Rusia. 
El pobre Carrère especifica trescientas veces en su libro, especialmente para su lector europeo, que Limónov es un “vil fascista”, y después de eso, otras trescientas veces, con la más absoluta sinceridad, trata de explicar que a pesar de su “vil fascismo”, Limónov es un buen hombre:  compasivo, honesto y valiente. 
Otro ejemplo extraído del libro:

Carrère cuenta que enseñó una fotografía (de un grupo de Natsbols con Limónov en Asia Central) a uno de sus amigos. Precisemos que se trataba de ese período heróico, a mediados de la década de 1990, en que Limónov con un grupo de sus camaradas se había instalado en las aldeas cosacas, un poco como Razine y Pougatchev [jefes cosacos que durante los siglos XVII y XVIII se habían puesto al frente de las insurrecciones campesinas]. Una aventura apasionante que les supuso serios problemas con los servicios especiales. Al contemplar la fotografía de los Natsbol desnudos hasta la cintura, en pleno verano, el amigo de Carrère exclama: “¡Una banda de maricones, que se han largado lejos de Moscú para darse por culo y que nadie les vea!”
Al relatar este episodio en su libro, Carrère no se muestra demasiado de acuerdo con su amigo, pero añade: “Y, sin embargo, ¿quién sabe?” 
Emmanuel, pouah ! 
Usted ha pasado bastantes días con los representantes de un partido del que trescientos miembros han pasado por la cárcel, seis al menos han muerto en circunstancias trágicas, un millar ha sido arrestado alguna vez y cientos han sufrido tortura o palizas y usted escribe semejante bajeza.
Su amigo es o un bromista sin gracia o un imbécil, entonces, ¿por qué citarle?
La sorpresa más dolorosa  me esperaba al final de la obra, cuando Carrère explica con aplomo que Putin y Limónov son prácticamente lo mismo.
La base para tal conclusión es sorprendentemente simple: Putin había afirmado que solo un cabrón podía no lamentar el hundimiento de la URSS. ¡Y Limónov lamenta la muerte de la URSS! ¿Lo ve usted? ¡Todo encaja! 
¡Ah, sí! Putin, como Limónov, posó una vez en una fotografía en porreta y con un cuchillo. Para un europeo sensato, que condena toda clase de violencia (eso es al menos lo que a él le gusta pensar de sí mismo), se trata de un espectáculo detestable.
¡Eso es todo!
¿Comprenden ustedes?
Para el más inteligente, más sutil y más informado de los europeos preocupados por Rusia, cualquier opinión nuestra sobre el tema del hundimiento del país es un diagnóstico unívoco. Es más, un diagnóstico aterrador, definitivo.
El hecho de que Putin, que tanto se parece a Limónov, posea, según diversas fuentes, un patrimonio de cuarenta mil  millones de dólares, y Limónov nada de nada, no es más que un detalle sin importancia
Que Putin, a comienzos de la década de 1990 haya abandonado los servicios secretos, traicionando su juramento, para  conchabarse con el alcalde de San Petersburgo, Sobtchak, mientras Limónov, por el contrario, tratara porfiadamente de impedir el hundimiento del país durante el sangriento “Golpe de Estado” de Yeltsin de octubre de 1993, participando en cientos de mítines o en Transnitria, no es más que un simple detalle.
Que, en definitiva, Limónov sea un hombre de cultura humanista y un gran escritor, mientras que Putin, en muchos sentidos, sea su polo opuesto, tampoco importa. 
Lo esencial es que ambos añoran la URSS
…Sin embargo, pensándolo bien, ¿qué es lo que podía esperar de Carrère?
 ¿Acaso ha sido él quien ha decretado que el hundimiento de la URSS era una gran bendición, que la historia soviética fue una marea de crueldades y de porquerías sin fin, que el intento de plantearse los acontecimientos de Yugoslavia de forma diferente a la comunidad occidental era un primer paso hacia el fascismo y que Putin era un teniente diplomado en la KGB, el restaurador del Imperio y un peligroso militarista entronado?
Me pregunto si ha sido él.
Pero entre nosotros, todos nuestros maravillosos tribunos liberales (los nuestros, los hermanos, los que enseñan al pueblo desde hace lustros la actitud correcta con respecto a nosotros mismos y al país) piensan lo mismo.
                                                              ZAJAR PRILEPIN

[traducido a partir de la versión francesa publicada en http://www.tout-sur-limonov.fr/222318798]

domingo, 1 de mayo de 2016

UN LIMÓNOV ULTRANACIONALISTA, PRÓXIMO A LA EXTREMA DERECHA EUROPEA

Transcribimos la entrevista en Público de Ángel Ferrero a Edward Limónov, en la que el escritor ruso ahonda sus posiciones ultranacionalistas y se opone a la entrada de refugiados en Europa.

Limónov: "Europa no puede acoger a millones de inmigrantes; no es racismo, son extranjeros"
 
Limónov es sinónimo de polémica: escritor reconocido e incendiario, político odiado y admirado, 'nazbol' (nacional bolchevique) anti-Putin y, sobre todo, un referente en la joven Rusia conocido también mundialmente por su biografía escrita por Enmanuel Carrère. Aunque ésta es sólo la punta del iceberg de una personalidad apabullante que se dibuja en la entrevista exclusiva que dio a 'Público' en Moscú.


Eduard Limónov, escritor, líder del Partido Nacional Bolchevique y fundador de La Otra Rusia, en la oposición a Putin.


ÁNGEL FERRERO
MOSCÚ.- Sobre la repisa de la ventana descansa una limonka, como los soldados llamaban a la granada de mano soviética F1. Desactivada. De esa granada tomó su pseudónimo Eduard Savenko, más conocido como Eduard Limónov (Dzherzhinsk, 1943)

Limónov tiene enmarcadas en la pared varias fotografías de su visita a Bosnia durante la guerra, uno de los episodios más controvertidos de su vida que la novela biográfica de Emmanuel Carrère ha vuelto a dar a conocer. El escritor ruso, que a mediados de marzo hubo de ser hospitalizado por un grave problema de salud que no reveló pero que a punto estuvo de llevarle “al otro mundo”, según sus propias palabras, considera que ha dejado definitivamente atrás su faceta literaria y durante la entrevista, prefirió centrarse en cuestiones políticas. Limónov es sinónimo de polémica y esta vez no fue una excepción. Al fin y al cabo, tomó el nombre de una granada.
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Puede estar tranquilo, que no le preguntaré una vez más por el vídeo de Sarajevo con Karadzic…
...Karadzic no es para nada como lo presentan en Occidente; como alguien que no se sabía manejar con sus generales. Estudió en EEUU, era un intelectual, psiquiatra, poeta...
¿Cómo debería presentarle? Se le ha llamado neobolchevique, nacionalista ruso, fascista, provocador...
Mi partido se llamaba nacional-bolchevique. De ahí viene el término nazbol. Tenía elementos de izquierda y derecha. Y de ahí el nombre.
"Karadzic no es para nada como lo presentan en Occidente"
Su nombre ha vuelto sobre todo por la biografía de Carrère. ¿Se ve reflejado?
Es una interpretación de lo que fue mi vida, a partir de mis libros. Está lejos de lo que fue la realidad.
Se le consideró uno de los disidentes soviéticos más conocidos...
Mi vida fue suficientemente complicada. No me veo cómodo en ese patrón. Nacionalista, de izquierdas, de derechas, ya me he referido a eso. No fui un disidente en toda mi vida. ¿Qué disidencia? Yo siempre estuve a favor de la política claramente agresiva de la URSS, por ejemplo.
Ahora se habla de Mijaíl Jodorkovski o Zhanna Nemtsova como disidentes.
Nada que ver.
"Yo siempre estuve a favor de la política claramente agresiva de la URSS"
¿Cómo ve la literatura rusa actual? Escritores como Zajar Prilepin o Vladímir Sorokin...
No me intereso por la literatura. Prilepin es miembro de nuestro partido, La Otra Rusia.
En un artículo en 'Izvestia' ha descrito a Europa como un “anciano”.
Creo que es una idea exacta. Viví en Francia 14 años, 20 años en el extranjero, seis en Estados Unidos y 14 en Francia. Europa se compone de países viejos, más viejos que Rusia. Rusia es vieja, pero no tanto.

¿Cree que Europa puede salir de esa situación?
Veamos. Estamos sentados en primera fila. Pienso que lo que sucede ahora en Europa es un terrible error, un crimen: Europa no puede acoger a millones de inmigrantes. Son millones de extranjeros, con otras tradiciones, creencias... Esto no es racismo; son extranjeros. Dios puso a cada uno en su sitio, en su país, en su continente, no para que fueran paseándose de aquí para allá sin descanso.
En otro artículo ha calificado a Estado Islámico como una muestra de “nihilismo positivo” y a Europa de “nihilismo negativo”.
Sí, es nihilismo por supuesto. Aunque dije “nihilismo agresivo”, no “positivo”. Escribía para Izvestia, pero al cambiar a una dirección más pro-gobierno yo y una serie de autores pasamos a ser no deseados. Ahora escribo ocho artículos al mes para dos medios digitales: Svobodnaya Pressa (Prensa Libre) y Russkaya Planeta (Planeta Ruso)
"Estado Islámico se hace llamar 'califato'; es un Estado, no un grupo terrorista, y en Rusia y Occidente mezclan ambas cosas"
¿Le importa si vuelvo a la pregunta anterior?
Estado Islámico se hace llamar “califato”. No es fácil de describir. Es un Estado, no un grupo terrorista. En Rusia y Occidente mezclan ambas cosas. Se trata de una lectura apocalíptica y sectaria del islam. Parten de viejas revelaciones de Mahoma. No son una broma. Tienen a su propio califa, Al-Baghdadi, que se proclama descendiente de la tribu de Mahoma, los quraysh. Según su interpretación, el califa auténtico ha de ser un quraysh. Con él llega el fin del mundo, el apocalipsis, la batalla contra Roma, como llaman a a la civilización europea, en territorio de Siria, donde se proclamará el califato.
Usted fue uno de los defensores del llamado eurasianismo tras el desplome de la URSS. ¿Cómo ve esta idea hoy?
El eurasianismo fue una idea de emigrantes rusos que vivían en Praga en los treinta. Todo eso son viejas ideas que ahora pertenecen a los archivos. Pensaban que Rusia debía continuar el dominio de Gengis Khan. Pero cometieron un error: se orientaron al libro de La historia secreta de los mongoles, pero ese libro era en realidad una falsificación. Y esa idea se fue, se marchó, ya no inspira a nadie; es archivo, es libros, cosas de ancianos... Ahora está la idea del mundo ruso (russky mir) de la que hablo. Se trata de unir a todos los rusos bajo un mismo Gobierno. Cuando en el año 1991 Rusia vivió una revolución burguesa, 27 millones de rusos se quedaron fuera de las fronteras de Rusia. Sólo en Ucrania fueron doce millones. En Kazajistán, seis millones. Ante eso, ¿qué tarea tiene Rusia? Ya se lo he dicho: el eurasianismo es una estimable vieja teoría. Una utopía.
"Putin no estaba contento con Crimea; él era feliz con los Juegos Olímpicos de Sochi, la niña de sus ojos. Miles de millones de dólares invertidos en aquellas construcciones"
¿Sustituye el mundo ruso al eurasianismo?
Es algo más que eso. No niega nuestro carácter asiático. Está ahí, en cada uno de nosotros. No es una renuncia. Primero están nuestros hermanos en las repúblicas de Ucrania y Bielorrusia. La tarea es más fácil: unir a Rusia, Ucrania y el norte de Kazajistán. Según una estadística oficial, cuatro millones de rusos viven en Kazajistán. En realidad, son más, estoy convencido, porque ahora no sale a cuenta inscribirse como tal en el censo.
¿Cómo ve la situación en Ucrania?
Ucrania es un país que Occidente no quiere entender. Que en Donbás viven rusos, rusoparlantes, era obvio por sí mismo: un lenguaje, en concreto el ruso, era el hablado por el 94% de la población. Hay rusos que viven en Ucrania, en Donbás, y luego está el Donbás ruso. No hay ninguna diferencia con los rusos que viven al otro lado de la frontera. En la ciudad de Shajty, en el óblast de Rostov del Don, vive la misma gente que vive en Donetsk, hablan la misma lengua, con el mismo dialecto del sur de Rusia. La insurrección en Donbás no la organizó Putin, al contrario. Fue espontánea. Él no estaba contento con eso, no estaba contento con Crimea. Él era feliz con los Juegos Olímpicos de Sochi, la niña de sus ojos. Miles de millones de dólares invertidos en aquellas construcciones. Y por el contrario, resultó que lo importante era el problema de Crimea, el referendo. Allí, 2,5 millones de habitantes son rusos. Los tártaros de Crimea son unos 200.000. Su porcentaje, en comparación, es poco.

¿Cómo ve el futuro de las repúblicas de Donetsk y Lugansk?
Los acuerdos son una muestra de cobardía rusa. ¿Qué hizo Rusia allí? Se ciscó en la revolución en Donbás, la estropeó. Rusia apartó a los líderes independientes. Quienes no fueron expulsados para crear las condiciones fueron asesinados. Rusia hizo de la República Popular de Lugansk y de la República Popular de Donetsk pequeñas moscovias. Llevó allí fuerzas especiales, oficiales y asesores rusos y ahí, por así decir, se terminó la revolución, porque cuando comenzó a llegar la ayuda entendieron que iban a convertirse en Estados satélite, vasallos de Rusia. Eso es muy grave.
¿Considera que Alexander Zajárchenko e Ígor Plotinski están al servicio de Rusia?
Completamente. Actualmente, esos gobiernos viven bajo la égida de Moscú y hacen lo que les dice Moscú. Por supuesto, sus habitantes no pueden regresar a Ucrania. Luego está el deseo de volver a integrarse en Rusia. Y entre ambos media un abismo.
¿Cree que el conflicto podría extenderse a otras zonas de Ucrania?
Járkov no consiguió unirse a partir del momento en que Kiev consiguió enviar allí a sus nacionalistas. Ahí se acabó la revolución. Yo viví en Járkov muchos años, es una gran ciudad, muy intelectual, con cerca de dos millones de habitantes, la segunda mayor ciudad de Ucrania después de Kiev. No es en absoluto ucraniana. En mi época uno podía recorrer la ciudad durante todo el día y no oír ni una frase en ucraniano. No es una ciudad ucraniana, nunca lo fue.
"Después de 1991, después de Gorbachov y Yeltsin, Europa interpretó el papel de conquistador de Rusia y Rusia lo aceptó"
Se organizó una iniciativa para proclamar una República Popular de Járkov.
Era una iniciativa partisana, clandestina. No reunía a una cantidad suficiente de gente. Todo lo que podían hacer era intentar poner las cosas en marcha.
¿Cómo ve el conflicto entre Europa y Rusia? ¿Cómo cree que podría resolverse?
Después de 1991, después de Gorbachov y Yeltsin, Europa interpretó el papel de conquistador de Rusia y Rusia lo aceptó. Cuando había que elevar la señal de alarma en algunas decisiones de la ONU u otras cosas, contra la decisión de bombardear Yugoslavia o Irak, Rusia no hizo nada. Estaba dominada por los liberales y el enorme impacto mental de Europa y EEUU. Por eso Europa quiere que volvamos a la situación en la que Rusia vivió desde 1991 hasta 2014, hasta Crimea. En 2014 se produjo un giro radical. Nuestra nación, nuestra gente, siempre estuvo a favor de una Rusia fuerte. Al final tomó las riendas y recuperó Crimea. Eso no le gustó a Europa. ¿Qué piensan que van a hacernos las sanciones? Los rusos son muy obstinados y cuando empiezan a dictarles las cosas se rebelan. Tengo entendido que los españoles también son así. Y nuestros gobernantes entendieron que esa política patriótica, que esa política nacional, que prima los intereses nacionales, le comporta popularidad.

¿Las sanciones no funcionarán?
[Ríe] Creo que nada funcionará. El ruso es un pueblo muy orgulloso. Históricamente mostramos nuestro orgullo al no entregar a Leningrado. Nosotros no tenemos pretensiones hacia otros países, ni siquiera los bálticos. Pero tenemos a rusos que, equívoca y criminalmente, abandonamos más allá de nuestras fronteras en el 91. Allí viven mal, se quejan. Pero no todos pueden salir de allí.
"¿Qué piensan que van a hacernos las sanciones? Los rusos son muy obstinados y cuando empiezan a dictarles las cosas, se rebelan"
¿Y cómo pretendería unificar ese mundo ruso?
Realizando un referendo, como en Crimea. Ése es el camino correcto. El referendo es una muestra de la voluntad popular. Se encuentra hasta en la ONU. La población de un territorio, una nación, tiene el derecho a escoger su gobierno. En 1991 la URSS se dividió en fronteras administrativas. De hecho, fue prácticamente un acomodo con los pueblos y grupos nacionales. Fuera de nuestras fronteras se quedaron seis millones de rusos en Kazajistán y 12 millones de rusos en Ucrania. En Kazajistán, por ejemplo, se encuentra Uralsk, una vieja ciudad fundada por los cosacos de Yaik. Allí fue donde arrancó en 1773 la insurrección de Pugachev. ¿Ha oído hablar de Pugachev, verdad? Es una vieja ciudad rusa. ¿Por qué se encuentra ahora en Kazajistán? Todas las ciudades que bordean la frontera en Kazajistán son ciudades rusas. Siguen viviendo rusos allí. No nos hace falta Alma Atá. Pero que nos devuelvan nuestras ciudades, donde siempre vivimos. Los kazajos nunca tuvieron ciudades, eran un pueblo de nómadas. Ni siquiera son mayoría. De los 17 millones de habitantes de Kazajistán, si uno tiene en cuenta el resto de nacionalidades que aún viven allí, los kazajos probablemente sean la mitad.
Querría preguntarle por los partidos europeos que piden normalizar relaciones con Rusia...
No soy miembro del Gobierno y no puedo responderle. ¿Que quieren buenas relaciones con Rusia? Estupendo. Fantástico. Es una cosa con futuro. Pero yo estoy por esa idea que ya defendí en un vídeo hace veinte años, que se encuentra en un vídeo y en varios artículos. Recientemente desenterraron un vídeo de 1992 en el que digo qué hacer con nuestros conciudadanos rusos: tomar Crimea, tomar Donbás. Y ahora la gente lo ve con los ojos como platos. Pero nuestro partido no tenía entonces capital político. Y ésa era nuestra percepción. Entonces ya lo recomendábamos, teníamos nuestro programa de partido, en el 94, donde escribíamos todo lo que hace ahora Rusia, como la amistad con China. Todo eso ya lo escribíamos en el 93.
"El referendo es una muestra de la voluntad popular que se encuentra hasta en la ONU. La población de un territorio, una nación, tiene el derecho a escoger su gobierno"
Tuvo relaciones con el Frente Nacional francés...
Conocí a los Le Pen cuando viví allá, y más tarde aquí, en los noventa, con Zhirinovski. Pero tampoco demasiado. Me interesó, ahí vi algo con futuro. La burguesía francesa no es revolucionaria. Ellos fueron los primeros en llamar la atención sobre el problema de la migración, y mire cómo ha crecido este problema ahora. Pienso que este tema tiene muchas perspectivas políticas.

Hay quien dice que Le Pen tiene posibilidades de ganar las elecciones presidenciales...
Puede ser. Pero está Sarkozy, que es un político astuto y sabe ver estas cuestiones y moverse en consecuencia. Y el establishment político podría actuar para que Le Pen no consiga la presidencia.
"En los Le Pen vi algo con futuro. La burguesía francesa no es revolucionaria y ellos fueron los primeros en llamar la atención sobre el problema de la migración"
¿Y otros partidos de ultraderecha en Europa?
Mire, existe una vieja frase del zar Alejandro III, quien dijo “Rusia sólo tiene dos aliados, su ejército y su flota”. Nosotros no esperamos ayuda de nadie. ¿De quién? Un gobierno tan grande como el nuestro necesita su propia defensa. Si quieren... Es importante que ganemos nuestro conflicto interno contra los liberales, que Putin se decida contra ellos. En política yo me considero un hawk (halcón), ya lo sabe.

sábado, 24 de enero de 2015



Kiko Amat
Maldito poeta ruso


Egocéntrico, punk, dandi y romántico, el escritor y político Limónov vuelve para contar su vida en 'Soy yo, Édichka'
El País, 14 de enero de 2015

1. Es el rey de la primera persona. Eduard convierte su vida en mito, y toda su obra circula alrededor de ello. "La única leyenda viva que le interesa es él", sugería Emmanuel Carrère en Limónov (Anagrama). Eduard Limónov es un egocéntrico loco que solo sabe hablar de sí mismo, pero lo hace con tal belleza, humor, patetismo y éxtasis que convierte cada batallita en un momento trascendente. Édichka también es un bocazas: no hay escritor más petulante y chulo que él. Pero a la vez es un tipo honesto, leal y muy generoso. No es un hipócrita ni un cobarde, y mucho menos un cínico. Podrá arrearles un taburetazo, pero nunca por la espalda, y solo cuando realmente lo merezcan.
2. Es un romántico. Lo que implica que su primera persona puede ser más o menos fiable dependiendo de lo contado. Como Nik Cohn, Limónov no deja que la verdad se entrometa en una buena historia. Mentiroso compulsivo, cuentacuentos supremo, amante de la visión épica, la hipérbole y la exageración patológica, Édichka explica su propia existencia desde el über-romanticismo de un poeta guerrero en plena epifanía. Importa poco si la viñeta narrada le deja como un superhombre o un gusano asqueroso: lo crucial, entiéndanlo, es el impulso. Su voz en Soy yo, Édichka (Marbot Ediciones) ostenta megalomanía tiznada de pavor, pasión-con-demonios, apocamiento que puede tornarse furia esquizoide, odio de clase y hambre por la vida.
3. Es un dandi. Limónov ama la ropa. En sus inicios incluso alardeaba de ser un “sastre autónomo”. Aunque hace años que Eduard solo maneja un inquietante look Trotsky + mosquetero facial, combinado con tabardos negros de la Armada soviética y pantalones de paraca, en Soy yo, Édichka le vemos luciendo acampanados blancos, trajes de tres piezas color malva (agh), cazadora de cuero con pajarita (ugh), botines puntiagudos, camisas de chorreras y otros atentados estéticos contra la salud mental.
4. Es un punk. Y no solo porque en su etapa neoyorquina fuese fan de Ramones o Talking Heads o porque en su juventud editara fanzines de poesía. Es un punk porque se limpia las ancas con el canon de la alta cultura, con los popes del establishment, y "no ama las peregrinaciones literarias ni a los barbudos del XIX". Se mofa de la bohemia de su Jártov natal (y, en Soy yo, Édichka, de la bohemia rusa neoyorquina), de sus chaquetas casposas y reverencia por los clásicos, así como rechaza la idea underground del fracaso como acto noble.
5. Es un hombre con biografía. Sí, su vida es ligeramente distinta a la de, por ejemplo, Martin Amis. Édichka fue delincuente fallido en Jártov, airado dandi del underground moscovita, punk ruso en Nueva York que terminó sodomizado por un homeless, mayordomo de un multimillonario, celebridad literaria en París, voluntario en la guerra de los Balcanes (¡por el lado serbio!), fundador del Partido Nacional-Bolchevique, reo de varias cárceles, miliciano nasbol en Kazajistán, convicto por terrorismo y filofascista ocasional, entre muchas y terribles cosas. Quizás piensen que está como una chota, pero desde luego es de los tipos más interesantes que llegarán a conocer jamás.

sábado, 2 de febrero de 2013

LIMÓNOV EN DIRECTO


Por fin, después de más de 20 años, se publica un nuevo libro de Limónov en español:
Soy yo, Edichka (Marbot, 2014)
Reproducimos a continuación el comentario de César Rendueles aparecido en eldiario.es


César Rendueles: Limónov en Manhattan
La fascinante estrella del superventas de Emmanuel Carrère se revela con unas memorias de su propia pluma: 'Soy yo, Édichka'
Eduard Limónov, en toda su gloria

Hay biografías literarias que son como parásitos, se transforman en seres complejos y fascinantes a costa de su huésped, al que dejan exhausto. El resultado no siempre es negativo, a veces se dan casos de simbiosis afortunadas. Creo que es el caso de Soy yo, Édichka (Marbot, 2014), las memorias norteamericanas con las que Eduard Limónov se hizo famoso en Francia. Es imposible leer su texto sin pensar constantemente en  Limónov (Anagrama, 2013), la exitosa biografía en la que Emmanuel Carrère convierte al poeta y activista ruso en un personaje novelesco.
El juego de espejos entre la novela autobiográfica y la biografía novelada transforma el texto de Limónov. Soy yo, Édichka es un diario de su vida en Manhattan en los setenta en los años inmediatamente anteriores al triunfo de Ronald Reagan y la expansión global de Wall Street. Nueva York era una ciudad peligrosa, deteriorada y sucia cuyo Ayuntamiento tuvo que recurrir a un préstamo federal para evitar la bancarrota. Limónov llegó allí procedente de Járkov –la ciudad ucraniana donde creció y se convirtió en un delincuente juvenil– y Moscú, donde había sobrevivido en el underground literario vendiendo sus propios poemas.
Soy yo, Édichka es un relato neoyorquino de la vida bohemia y el exceso situado en algún lugar entre Céline y Bukowski. Limónov vive en la habitación de un hotel degradado de la zona financiera, bebe, se busca la vida para obtener subsidios del gobierno, pasa de un trabajo no cualificado en otro, bebe, se enfrenta a la disidencia rusa oficial y entra en contacto con los comunistas estadounidenses, tiene una serie de encuentros heterosexuales (miserables) y homosexuales (gloriosos), bebe, deambula de noche por las peores zonas de Manhattan, bebe y a veces se fuma algún porro.
El Limónov de Carrère contra el Limónov de Limónov
Lo que ocurre es que tras leer la biografía de Carrère, las historias de hoteles mugrientos, galones de vodka y sexo descrito con una minuciosidad más clínica que erótica resultan un poco insípidas. Palidecen frente al personaje de Limónov: un poeta nacionalista y neobolchevique nostálgico de la Gran Rusia pero comprometido con la democracia que crea una especie de milicias comunitaristas repletas de punks y skinheads. El Limónov de Carrère es un bárbaro, un titán contracultural. El Eduard Limónov de Soy yo Édichka es un inmigrante con mal de amores, dificultades de integración y un serio problema con la bebida.
Aunque, por otro lado, lo que pierde Soy yo, Édichka en intensidad y sordidez, lo gana en costumbrismo. En alguna ocasión, Fredric Jameson explicaba que la Unión Soviética había funcionado simbólicamente como una especie de pantalla donde Occidente había proyectado sus propias pesadillas. Nuestra imagen de la burocracia rusa era, en el fondo, una especie de espejo de la vida en el interior de las grandes empresas capitalistas.
Eduard Limónov realiza constantemente la operación inversa. Reencuentra en Nueva York una destilación de la corrupción y la falsedad que quería dejar atrás en la Unión Soviética. Soy yo, Édichka se convierte así en algo más modesto pero interesante, el relato de la vida cotidiana de un emigrante judío ruso, derrotado por el desplazamiento cultural y las falsas promesas del capitalismo:
“Un sentimiento que identifiqué como odio de clase penetraba cada vez más profundamente en mi interior. Ni siquiera odiaba tanto a nuestros clientes como a sus personajes, no, básicamente odiaba a toda esa clase de caballeros canosos y bien cuidados. (…) Sobre todo odio este sistema, lo entendí cuando intenté comprender mis sentimientos, el sistema que corrompe a las personas desde su nacimiento. No distinguía entre la URSS y América. No me avergonzaba mi actitud, que el odio se encendiera en mí por una causa tan comprensible y personal: por el engaño de mi mujer. Odiaba el mundo que transformaba a tiernas chicas rusas que escribían versos en seres jodidos por la bebida y las drogas, que hacían de putas para unos millonarios que les exprimían el alma”.

¿Cuál es la percepción de un personaje cuando se hace a través de una biografía y, además, novelada?

La publicación hoy en Babelia de cuatro páginas dedicadas a Emmanuel Carrère, "El escritor que inventa la verdad", como reza el título de la portada, y a su nuevo libro Limónov, nos ha hecho sonreír. Las afirmaciones de Carrère sobre Limónov no dejan de ser superficiales: "no sé si es un héroe de verdad... en su vida hay mucha confusión... él se cree de una coherencia perfecta, pero yo no estoy de acuerdo... Limónov es un fascista raro porque siempre ha estado al lado de los débiles... El Asad o Gadafi son lo mismo: unos pobres dictadores de provincias..."

Si, después de escribir un libro de cuatrocientas páginas sobre alguien, tan solo es capaz de decir esa sarta de boberías, me inclino a pensar que Carrère es un escritor oportunista en busca de los personajes que no es capaz de crear su imaginación, pero a los que tampoco es capaz de aprehender. Definir a Limónov, y a cualquiera, como "un fascista raro" por estar al lado de los débiles es de una simpleza que raya en la ignorancia. Carrère parece desconocer la historia del fascismo: entonces, quienes estaban del lado de los débiles, es decir, de los judíos, los gitanos, los exiliados republicanos españoles se llamaban antifascistas y arriesgaban su vida en el empeño. Pero Carrère tiene que hacer una concesión al retrato que se hizo de Limónov a raíz de su toma de partido por la continuación del sistema soviético, su acercamiento a los ultranacionalistas rusos y su apoyo a los serbo-bosnios en la guerra de Yugoslavia, de donde le ha quedado la etiqueta de nacional-bolchevique. No menos simple y oportunista es la comparación con Asad y Gadafi, "pobres dictadores de provincias", cuando si por algo es conocido Limónov, desde que volvió a Rusia, es precisamente por haberse aliado con toda clase de causas perdidas, lo que le ha valido purgar unos cuantos años de cárcel y ser periódicamente detenido por la policía de Putín en las marchas de Estrategia 31, celebradas los días 31 de cada mes, por la efectiva aplicación del artículo 31 de la Constitución rusa que garantiza el derecho de reunión. Por cierto, un arriesgado compromiso por las libertades públicas que muy pocos se atreven a asumir hoy en Rusia y que a otros les ha costado la vida, como fue el caso de Anna Politkóvskaya. No pretendo con esto salir en defensa de esa alianza entre el ultranacionalismo y el bolchevismo que en su país encarna el Partido Nacional Bolchevique, el partido de Limónov. Fue, precisamente, la deriva nacionalista de Limónov —en las antípodas de nuestras concepciones del mundo— la que nos alejó de este autor, de quien renunciamos a publicar el siguiente título, que ya teníamos contratado y traducido. Pero permítannos que nos sublevemos ante las simplificaciones de la historia.


Conocimos a Limónov cuando preparábamos la edición de sus primeros libros publicados en español: Historia de un servidor e Historia de un granuja. Habíamos leído casi toda su obra, atraídos por ese disidente soviético que, sin embargo, se mostraba también crítico con Occidente y el sistema capitalista. El sexo y la transgresión atraviesan sus novelas con un estilo aparentemente descuidado y un proceder que recordaba las novelas de Henri Miller. Si en Historia de un servidor narra la época en que sirvió de criado en casa de un magnate norteamericano y vierte toda su ácida ironía sobre el American Way of Life, en Historia de un granuja relata su educación sentimental en Járkov hasta su escapada a Estados Unidos.

Como consideramos que la mejor manera de conocer a un escritor es leer sus obras, iremos añadiendo a este blog algunos de los artículos publicados por Limónov a partir de comienzos de la década de 1990, que es cuando la ruptura del bipolarismo, el derrumbe de la Unión Soviética y de los regímenes de "democracias populares" que gravitaban a su alrededor, unido al descrédito del bloque occidental, lo conducen a posturas cada vez más críticas con Occidente y a una deriva en busca de unas señas de identidad ya definitivamente perdidas.

El estilo de Limónov queda patente en el relato que reproducimos a continuación, "Una pelea sin importancia", publicado en 1991 en El Europeo, una de esas excelentes revistas que surgieron durante la década de 1980, pero de efímera vida.




















LIMÓNOV Y LA CRÍTICA EN ESPAÑA

Cuando aparecieron los primeros libros de Limónov en español, Historia de un servidor e Historia de un granuja, la situación de la crítica literaria era muy diferente de lo que se ha convertido en estos inicios del siglo XXI. Aunque en los suplementos literarios ya se observaba esa tendencia a primar la industria del libro sobre la cultura del libro, es decir, a prestar más atención a los llamados ranking (digámoslo así, en inglés) de venta de libros —a los best-sellers— que a los valores culturales y artísticos de cada publicación. La degradación ha llegado a tal extremo que en sus ranking ya solo figuran los libros clasificados por sus ventas. Incapaces de valorar la calidad o el alcance cultural de cada libro, se limitan a medir sus ventas, algo que está al alcance de cualquiera. Mientras las guías del ocio, aunque también han sucumbido a la facilidad de clasificar las películas según el número de entradas vendidas, al menos siguen dando prioridad a la clasificación de sus críticos, aunque sea medida en estrellas. ¿Se imaginan ustedes una revista de gastronomía que incluyera un ranking en el que el tomate frito Orlando compitiera por el primer puesto con el caldo de pollo Avecrem? ¿O una revista de enología en cuyo ranking aparecieran siempre en primer lugar los vinos Savín y Don Simón? En fin, a esos extremos ha llegado la concepción que la práctica mayoría de nuestros suplementos "culturales" tiene hoy de la literatura, pero esto aún no era del todo así a comienzos de la década de 1990, en que algunos suplementos y críticos abrían sus ojos no solo a lo que les indicaban los servicios de prensa de las grandes editoriales. Como homenaje a esos críticos y a esos suplementos, incluimos a continuación algunas de las críticas e informaciones que suscitó la publicación de los libros de Limónov.

















viernes, 1 de febrero de 2013

Limónov en Página 2

Óscar López entrevista a Emmanuel Carrère sobre su libro Limónov:

Hay vidas que sólo pueden existir en la realidad, que si surgen de la imaginación resultan inverosímiles. Es lo que ocurre con la de Eduard Limónov, retratado en la nueva novela de Emmanuel Carrère, prestigioso escritor francés con quien hemos charlado el pasado domingo para que nos desvele más detalles de este personaje polémico, sorprendente y contradictorio.
Una vida real, aventurera y contradictoria

Porque, según nos explica Carrère, estamos frente a un tipo que en su juventud fue un delincuente, que se movió por los círculos literarios de París dado que también ejerció de poeta, que fue mayordomo de un multimillonario en Manhattan, que más tarde se recicló en francotirador en el conflicto de los Balcanes, y que regresó a Rusia para crear un partido Bolchevique nacionalista, con el que pretendió echarle un pulso político al mismísimo Putin.

De todo eso y de muchas más cosas hablamos con él para intentar comprender cómo se desarrolló la deriva personal de un hombre que sigue vivo a sus 70 años, que ha pasado varios en la cárcel, y que a pesar de sus opiniones y actos, fue capaz de seducir a personalidades tan progresistas como la desaparecida periodista Anna Politkovskaya o Elena Bonner, viuda de Sájarov.
¿Una novela sin ficción?

Carrère reconoce que le sedujo este personaje desde que lo conoció en París en los 80, y al que volvió a reencontrar quince años después en Rusia cuando fue a preparar un reportaje, pero también nos confesó que en varias ocasiones estuvo a punto de parar el libro por los sentimientos contradictorios que su figura le provocaba.

Fue inevitable preguntarle sobre qué le ha dicho Limónov del libro, pero para conocer la respuesta habrá que ver el programa.